Y tú, ¿cómo conociste el Jai Alai?

Creo que los pelotaris ya se acostumbraron a mí presencia entre ellos… todos los días de partido. Y bueno, en más de una ocasión me han preguntado: ¿Ya conocías el Jai Alai?, ¿te gusta?—siempre acompañado de un “sé honesta”—, ¿cómo te puedo ayudar?, ¿qué necesitas? Así que aproveche y ya entre ellos, la sentencia fue clara: —Explícame, inclúyeme en esta conversación.

Cuatro preguntas que no se responden a la ligera, así que empecemos por las tres primeras—la cuarta tendrá que ser para muchas otras entradas. Bien, veamos, ¿cómo llegue al Jai Alai? Hace unos días me preguntaban si creía en las coincidencias, y como hoy utilizaré algunas expresiones populares, empiezo con ésta, que fue mi respuesta: —«Cuando te toca, ni aunque te quites; cuando no te toca, ni aunque te pongas», así como con la pelota del Jai Alai: la encestas o no.

Mi primer contacto con el Jai Alai. Tenía una cesta de juguete—de Jai Alai—en la mano y no tenía idea de qué era. Vivía en la playa, no había frontón. Conclusión: nunca lo jugué. Para mí eran unas cosas de plástico para atrapar una pelota—rosa mexicano y moradas, porque obviamente soy de la generación en la que la feminidad era de esos colores. [No me dejen sola y admitan que también tuvieron su infancia en los 90 y conocieron esta versión del juego, es más, les pongo un ejemplo].

El segundo momento ocurrió en mis inicios de la vida adulta, post-universitaria y trabajando como curadora de arte. Estaba en la bodega de un museo de la perla tapatía revisando obra cuando me encontré una pieza de un artista que se llama Raúl Anguiano. Era un aguafuerte, es decir, un tipo de grabado, surrealista de un jugador de Jai Alai. Una obra excepcional para este artista que se caracterizaba por sus trazos realistas; así que pensé que si la pieza no lo era, quizá el tema sí y no me defraudó: internet me enseñó que el Jai Alai existía y tenía a sus seguidores. Tomé lo que necesitaba y seguí con mi vida. Era el 2011.

Raúl Anguiano, Jugador de Jai Alai (1968). Aguafuerte, 26 x 21 cm, P/A.

El tercer y último round ocurrió el pasado 17 marzo: «—Tamara, ¿qué haces? Ven mañana al Frontón». Frontón México, una cancha, las gradas y 32 pelotaris después aquí estoy. Bienvenida a un universo del cuál he podido entender un poco más gracias a que “hablo” francés, que sé que a un vasco no se le dice español y que los mexicanos siempre tienen buena fiesta y el Jai Alai pues es eso, «Fiesta alegre» en euskera.

Ellos son los pelotaris de Frontón México (2017). © Frontón México Centro de Entretenimiento

Las últimas semanas las he pasado stalkeando en redes a los pelotaris, entrevistándolos y hablando con quién se deje y tenga algo que contar sobre el Jai Alai en la actualidad. Creo que no me imaginan sin cámara en mano y brincando a cancha a la menor provocación. Creen que trabajo demasiado —y no se equivocan— y están atentos a la pelota todo el tiempo, abrazan su cesta, la cuidan, la hidratan… para luego destruirla después de cada juego —luego platicaremos de la vida de una cesta.

También la he pasado contándole a todos “que maravilla de juego” es y que tienen que ir al menos una vez en su vida al Frontón —de preferencia TODOS los jueves, viernes y sábados a partir de las 19:30 hrs. y los domingos desde las 19 hrs. (no, no me pagaron por escribir eso). Así que para entrar en contexto y calentar motores pensé en escribir sobre la pelota vasca en general, para saber qué otros tipos de juego hay. La respuesta al unísono de los pelotaris que me escucharon fue clara: «—¡Estás loca! ¡Es demasiado!». Yo lo resumo en que me quisieron decir que era «meterme en camisa de 11 varas». Y como «el que mucho abarca, poco aprieta»… Pues hablemos del Jai Alai en Frontón México, que ya de por sí tiene muchas peculiaridades.

Pero antes de seguir, ustedes, ¿cómo conocieron el Jai Alai? ¿Ya vivieron la adrenalina del primer encuentro con este deporte?

 

Compra tus boletos en línea a través de www.fronticket.com.mx; o en las taquillas de Frontón México Centro de Entretenimiento. 

Comments
  • Ignacio Chavez

    Fue una alegría el que volviera a abrir el Fronton México.
    El volver a escuchar el “chakeo” de la bola en el frontis me provoco una emoción muy fuerte.Y es que el contacto que yo tuve con el Jai Alai fue a través de mi padre quien era pelotari en el fronton del Club San Isidro en Torreón Coahuila.
    El fronton ya no existe, mi papá ya esta viendome en el cielo.pero los recuerdos de todos los domingos en ir a ver a mi papá jugar, todavía perduran

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